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Flexibilidad laboral: la promesa moderna que esconde viejas formas de explotación

Las personas que pertenecemos a la clase trabajadora en el contexto contemporáneo estamos notando cambios significativos en las condiciones laborales y en los derechos sociales que quizá, ingenuamente o por la alienación, creíamos que en Costa Rica no podían desaparecer. Pero, la realidad hoy nos confronta, y ese “mundo encantado, distorsionado y puesto de cabeza para abajo”, se revela tal y cual su naturaleza: el capitalismo reinventando las formas de explotación.

Ese despertar, nos lleva primero a reconocer que, la crisis experimentada por el capital y sus respuestas, son expresiones del neoliberalismo, donde se da la reestructuración productiva en la era de la acumulación flexible, conllevando a esos cambios o transformaciones en el mundo del trabajo.

La primera pista, la vemos en el desempleo estructural, lo que ha conllevado a un contingente de personas trabajadoras a condiciones precarizadas; teniendo ejemplos claros en nuestro país y en el mundo, como el caso de “UBER”, o personas que trabajan para plataformas digitales transnacionales.

Otro ejemplo de intensificación del trabajo es el “just in time” (proveniente del Toyotismo y del sistema productivo japonés) el cual es clave para entender este fenómeno. Acá se borra la “frontera” entre el tiempo de trabajo y no trabajo (especialmente hoy con plataformas digitales y el teletrabajo). Este consiste en extraer más valor en el mismo tiempo, mediante la aceleración, el control y la eliminación de pausas en la actividad laboral; y lo vemos reflejado ya no sólo en los llamados “call centers” sino, en la función pública estableciendo tiempos para las atenciones o los servicios.

No es casual que estos cambios se desplieguen tanto en el sector privado como en el sector público, e incluso en el ámbito de la formación universitaria orientada a su adecuación, a las “demandas flexibles del mercado”.

De esta manera, la reducción de las personas trabajadoras, y la imposición del ideario de ser “multifuncionales” o de “ponerse la camiseta”, al aumentar las horas extra (en ocasiones sin pago), o la ampliación de la jornada, como lo es la “4×3”; son parte de esta lógica la cual busca la intensificación de la explotación del trabajo.

Aunado a lo anterior, se viene dando la sustitución de los contratos por tiempo indeterminado o de larga duración, por los contratos a término; así como, la vinculación de la evolución salarial con diversas modalidades de productividad; del mismo modo, la eliminación de diferentes componentes de protección jurídica y de seguridad social de las personas trabajadoras.

Esta reconfiguración claramente ha sido más favorable para el sector patronal que para la clase trabajadora, y con consecuencias más graves dentro de esta última clase, para las mujeres; pues el “capitalismo ha sabido apropiarse desigualmente de esa división sexual del trabajo” (Antunes, 2005 p.100).

Si bien el escenario no es alentador, la clase trabajadora se enfrenta a desafíos concretos, entre ellos, reconocer que las condiciones actuales no son ajenas, sino inherentes al propio funcionamiento del capitalismo.

Un frente de lucha clave es la reducción de la jornada laboral diaria en Costa Rica (y la lucha por el control del tiempo opresivo de trabajo), la cual es una de las demandas más relevantes del movimiento obrero a nivel mundial, donde ya fue materializada en diversos países.  Y aunque pareciera una contradicción, el derecho al trabajo es una reivindicación necesaria, porque en el contexto del capitalismo no tener un trabajo asalariado significa la negación de las condiciones materiales mínimas de existencia.

Como trabajadora social y mujer de la clase trabajadora lo veo más allá, pues el capitalismo no solo explota a quienes trabajan, sino también a quienes trabajan sin salario; las mujeres, quienes sostenemos el sistema a través de labores no remuneradas (como el trabajo doméstico y de cuidados), las cuales somos invisibilizadas, pero esenciales para la reproducción de la vida y del propio capital.

Recordemos que no basta sólo con describir la explotación, porque la clase trabajadora no se libera con buenos modales, sino organizándose y haciendo temblar un poco el orden establecido; y dicen por ahí que la peor lucha es la que no se hace.

https://delfino.cr/2026/05/flexibilidad-laboral-la-promesa-moderna-que-esconde-viejas-formas-de-explotacion

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